DISFRUTE DE LA MEJOR COMIDA ESPAÑOLA, EN UN AMBIENTE FAMILIAR, SIN NECESIDAD DE IR A ESPAÑA.-

ENJOY THE BEST SPANISH FOOD IN A FAMILY ENVIRONMENT, WITHOUT GOING TO SPAIN.-

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Combine las riquezas culinarias de Europa y América.

Deje que su familia disfrute de una buena comida, sabrosa y saludable.-

Combine the culinary riches of Europe and America.

Let your family enjoy a good meal, tasty and saludable.-

Katia Ramírez-Blankley (Especial para La Opinión)

Muchos de los ingredientes de la cocina española se encuentran diariamente en la mesa de los hogares latinoamericanos, así como los frutos de las tierras americanas están desde hace cientos de años en el lejano Viejo Continente.

Ese intercambio de sabores que disfrutamos hoy día se lo debemos a Cristóbal Colón, que con su espíritu aventurero nos llevó a ese reencuentro de dos mundos.

Algunos autores españoles aseguran que la tapa, nació a causa de una enfermedad del Rey Alfonso X, en la que el se vio obligado a tomar pequeños bocados entre horas, con pequeños sorbos de vino.

Una vez sano, el sabio rey dispuso que en los mesones de Castilla no se sirviera vino si no era acompañado con algo de comida...

Así se arraigó en España la tradición de la tapa, costumbre que se vive hoy, también, en otros países. Lógicamente con otros nombres, como botanas y aperitivos, entre otros..

Las recetas de las tapas cambian de región en región y de gusto en gusto, pero en la mayoría puede encontrar aceitunas frutos secos, fiambres y quesos. También, hay porciones pequeñas de carne, verduras, pescado y huevos.

Una tapa muy popular es la de tortilla de papa, que lleva huevo, cebolla y aceite de oliva. Usualmente se sirve a temperatura ambiente o fría,  si desea le puede añadir chorizo, jamón, pimientos, etc.

El pescado y los mariscos también son ingredientes importantes de las tapas, así como las brochetas o pinchos, que se sirven incrustadas en palitos de madera o metal.

 

Many of the ingredients of Spanish cuisine meet daily at the table of Latin American households, as well as the fruits of American lands are hundreds of years ago in the distant Europe.

This exchange of flavors we enjoy today we owe to Christopher Columbus, whose adventurous spirit led us to this meeting of two worlds.

Some Spanish authors claim that the lid was born because of an illness of King Alfonso X, in which he was forced to take small snacks between meals, with small sips of wine.

A healthy again, the wise king ordered that in the inns of Castile no wine was served if it was not accompanied with some food ...

So took root in Spain the tradition of the cover, custom exists today also in other countries. Obviously other names, such as snacks and appetizers, among others ..

The tapas recipes change from region to region and taste in taste, but most can find olives nuts, meats and cheeses. Also, there are small portions of meat, vegetables, fish and eggs.

A popular cover is the potato tortilla, leading egg, onion and olive oil. It is usually served at room temperature or cold, if you want you can add chorizo, ham, peppers, etc.

Fish and seafood are also important ingredients of tapas and skewers or skewers, served embedded in sticks of wood or metal.

 

COMA BIEN Y SALUDABLE.

EAT WELL AND HEALTHY.

Todo sobre la paella

Everything about paella

Los secretos de un plato comunitario, nacido en las zonas rurales de Valencia, España.


Cada lugar, piensa tiene un comida o una bebida de las que enorgullecerse. Pero sabe, además, que debe cuidarse muy bien de utilizar

 expresiones "for export" que tanto molestan a los naturales. Como si un turista de pantalones cortos y piel muy blanca pidiera, en la Argentina, carne "a la

 barbacoa". Por eso, cuando pasa por Valencia, elude la expresión "paella valenciana" porque, como bien lo sabe, la paella "es" valenciana.

Cuando El Viajero Ilustrado se enfrenta con la paella, aspira el profundo aroma de esa mezcla colorida y de sabor contundente. Porque la paella entra por el

 olfato: el aceite de oliva, el azafrán y un dejo de naranjas... sí, porque la verdadera paella, se cocina al fuego de leños de naranjo, cultivo típico de la zona, que

 al parecer alimentó una tradición distintiva y por cierto simpática.

El Viajero sabe, también, que no debe permitirse una confusión que denomina paella a la comida y paellera al recipiente; lo que configura, por cierto, un

 desatino que los valencianos no toleran. El nombre paella proviene, precisamente, del recipiente llamado paella que significa sartén en lengua valenciana.

Por lo tanto, la "paellera" debería nombrar a quien cocina la paella, o sea a la mujer encargada de esta tarea. Pero, El Viajero Ilustrado conoce otro secreto

 que le impide usar esta expresión. Según indica la tradición, la auténtica paella es obra de los hombres, no de las mujeres.

Este plato nació en las zonas rurales de Valencia hacia el siglo XV. Como las zonas de labranza estaban lejos de los caseríos, los agricultores estaban

 obligados a pasar todo el día en el campo, e incluso en ocasiones hasta hacer noche en el propio cultivo. Entre los utensilios, solían portar una sartén grande

 y aplanada, y sin mango, a los efectos de no perturbar las ya inestables cargas que llevaban sobre las bestias. Como es de imaginar, el único alimento que

 llevaban era el arroz y el tradicional aceite de oliva de la región. Una antigua tradición les había legado una plato sencillo pero reconfortante: el arroz caldoso.

 Sobre esa base de cocción, con imaginación y no poco esfuerzo, sumaron piezas de caza, como aves, conejos o liebres. Esta mezcla, más una pizca de sa

l y un toque del noble azafrán harían el milagro del sabor, el color y el aroma.

Como los hombres eran los encargados de rastrear, cazar y faenar las piezas, no tardaron en asumir, además, la mezcla y cocción mientras las mujeres se

 abocaban a preparar los tradicionales dulces valencianos. De ese antiguo ritual, el hombre valenciano heredó el deber y orgullo de ser "el paellero oficial"; y

 así como en la Argentina, el asado es cosa de hombres, también la paella adquirió ese sello. Como sospecha y con razón El Viajero Ilustrado, hoy los

 hombres transmiten a sus hijos varones algunos de tantos secretos que hace a cada paella singular y deseable.

A poco de andar, las paellas fueron incorporando nuevos colores y texturas siguiendo el devenir de las estaciones. Al tomate y las judías verdes —de las que

 en Valencia hay tres variedades y que llaman respectivamente "tabella", "rotjet" y "ferraura"—, le suman, cuando hay, garrofó, una variedad local de alubia; y

 entre los condimentos, el pimentón dulce vino a sumar ese toque intenso para disfrute de las carnes. Según la temporada, también se pueden incorporar

 corazones de alcaucil —que aquí conocen como alcachofa— y, en otras regiones, suelen sumarle guisantes.

Cuando esta tradición llegó a las costas, los pescadores incorporaron lo que tenían más a mano, es decir los mariscos. Entre su generosa familia, los

 valencianos eligieron los calamares, el mejillón, la sepia y un pequeño crustáceo muy popular en Valencia, la clotxina. Luego, la generosidad del mar invitó a

 sumar gambas, cigalas, langostas y almejas; es decir, todo bicho que camina, vuela o nada va a parar a la paella.

En su peregrinar, El Viajero ha aprendido que cuando dice arroz, dice muy poco, pues en Valencia hay una variedad inmensa de arroces y no todos van a

 parar a la paella. Dicen los paelleros expertos, que el mejor arroz es de Calasparra, una región de Murcia. Y entre las recomendaciones básicas que

El Viajero está autorizado a divulgar, se pueden mencionar: con un kilo de arroz, que debe cocinarse en dos litros y medio de agua, comen unas 10

 personas. Cuando la paella es de pescado o mariscos el agua donde se cocinan no se usa para rehogar el arroz sino para añadir en caso de que haga falta

 durante la cocción. Como la leña de naranjos no abunda, se debe prestar atención al fuego. Los primeros diez minutos se cocina con fuego fuerte, luego se

 baja a fuego suave. El arroz, se sabe, debe quedar entero, seco y suelto, allí se apaga el fuego y se lo deja reposar cinco minutos sobre una bayeta húmeda.

El Viajero Ilustrado sabe que el arroz no debe ser removido durante la cocción y que la parte más deliciosa es precisamente lo que queda pegada al fondo,

 que adquiere un tono acaramelado y de consistencia crocante.

Como la paella ha sido un plato y un ritual comunitario, no es extraño que El Viajero deba compartir una mesa donde se coloca la paella al centro.

El paellero divide la paella en partes iguales y cada comensal se aboca al disfrute casi sensual de esa comida pictórica, arcana y esencialmente valenciana.


 

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